miércoles, 21 de septiembre de 2016

Entre bastidores

Esta vez se trata de un espectáculo. En este espectáculo las risas son virtuales. Son reproducidas por un ordenador. El público no se ríe, aguarda serio y gélido. Se trata de una especie de representación dramática y las risas están para intentar descentrar al asistente y hacerle reír. Unos cantos de sirena extraños. En plan «ven a la hilaridad, acércate, no te pasará nada». La cosa se recrudece cuando alguien ríe. A quien se le escapa la risotada se lo llevan a un quirófano que hay tras el telón y le extirpan las cuerdas vocales (los espectadores están advertidos de esto). Esas cuerdas a continuación son tensadas y manipuladas para reproducir el sonido de las risas programado por ordenador que se oye en el auditorio. El verdadero espectáculo se da ENTRE BASTIDORES. De alguna manera esos instrumentos fonadores naturales han sido alterados para que transmitan a través de megáfonos las risas-trampa del espectáculo. No sé sabe cómo, la operación de extracción de las cuerdas y la incorporación de las mismas al sistema se hace rapidísimo después de que alguien ría y a veces se da el caso de que terminan con ello antes de que lo haga la obra, con lo cuál el operado es devuelto a su butaca y logra ver el final. Algunos encajan con honor la pérdida: «Bien por haber podido acabarla, mal por lo de no volver a hablar» (sabor agridulce). Se da la paradoja de que su antigua voz tiene la función de hacer que él se ría con una voz que ya no posee, en silencio, para sus adentros. Su vieja risa no deja existir en plenitud a la actual risa, pero la incentiva. Su voz, evacuada de él, constituye la causa de que sienta la necesidad de reírse pero es a a la vez causa también de que no pueda hacerlo.

martes, 6 de septiembre de 2016

La jugada de su vida

Atención a este video promocional de las memorias de Andrés Iniesta. Me ha parecido interesante tantear la posibilidad de que «La jugada de mi vida», aparte del título del libro, sea la ascensión del libro desde el pie a hasta su mano. Que se de el hecho de que la jugaba de su vida que encabeza la portada sea precisamente esa frivolité gratuita, que curiosamente es posterior a la redacción y edición del libro. Esa cosa premonitoria. «La jugada de mi vida», el libro que se anticipa al hecho que divulga. Pero bueno, al fin y al cabo estaba todo planeado. En cierto modo se puede decir que la jugada de su vida es, al menos, anterior al libro desde el punto de vista ment¡TAMPOCO! ¿Que no ves que toda la parafernalia esta de la promo se la han sacado de la chistera en el último momento? ¡Ha sido un claro penalti en tiempo de descuento! ¡Un penalti al larguero!.

También está el asunto de que propio libro sea la jugada de su vida y haya decidido titularlo así. Titular un libro en función de lo que representa para ti. Uno sobre crimen que se llame «Un antes y un después en mi vida». U otro de conspiraciones titulado «Significó mucho para mí».


El malentendido

Un tipo que está obsesionado con los puntos. Con algo tan ridículo e insignificante como los puntos. Pero no es que vea puntos por todas partes o que los puntos detectados en el entorno próximo acapararen toda su atención. Es la noción matemática de «punto» la que le trae de cabeza. El punto irreductible, concebido como una partícula posicional mínima carente de dimensión física que solo expresa una localización, una situación determinada en el espacio con respecto a la cual se sitúan a su vez otras cosas. Está medio loco, pero detrás hay una causa científica. Por desgracia, ha perdido el habla y ya no puede comunicarse con nadie. Solo es capaz de decir «el punto, el punto...» continuamente en su vida cotidiana. Todo el mundo piensa que su locura consiste en buscar puntos entendidos como representaciones geométricas del concepto de punto. En encontrar «puntos» en el mundo que le rodea, como lunares, círculos pequeños, agujeritos, etc. El pobre diablo, además de cargar con su propia ofuscación, tiene que pugnar con el prejuicio del que interpreta su locura como lo que no es.

viernes, 13 de mayo de 2016

Periodismo gonzo

«A continuación, el incendio, desde dentro». Así anunciaba la televisión que se iba retransmitir la catástrofe. No cerca del fuego. No entre las llamas. Sino dentro de ellas. Reporteros calcinándose y exhalando su último aliento para informar de la noticia. La máxima es adentrarse hasta el fondo de los hechos. Y los hechos hoy son el fuego. Una voz en off acompaña las trágicas imágenes: «Miren, miren. Para que vean lo terrible que puede llegar a ser un desastre de estas magnitudes. Contemplen la potencia de la combustión. Miren cómo se consume el cuerpo del pobre diablo».